18 de gener de 2017

"El Grito"

Parecía que empezaba bien la semana, pero estamos ya a puto miercoles y parece que vuelve la mierda que intentamos ocultar hace unos años... O quizá más bien dicho, unos meses.

El lunes empezó con una buena nota, y no podía dejar de sonreir en todo el puto día... Comimos mi madre, mi hermano y yo, como de costumbre, en una mesa vieja y con la tele puesta, para no comer en el silencio que odio, dónde se oye masticar a todo el mundo. La cosa está en qué mi madre, al fin, después de que nosotros rogáramos por mucho tiempo que nos lo contara, decidió explicarnos un capítulo de nuestra (nótese la ironía) maravillosa vida. Podríamos poner un título, el cual describiría casi toda la historia: "la deportación de mi puto padre". Se trata de una historia maravillosa, en la que la policía nacional tiene mucho que ver con uno de los mejores regalos de reyes de nuestras vidas (probablemente ése sea el motivo por el cual a mi madre le gusta tanto celebrar los reyes). Se trata de una llamada el 7 de enero de 1998, en la que un policía nacional llama a mi madre para explicarle que tienen a mi padre en un CIE, con la orden de deportarlo a su país, pero lo único que le retiene son unos cuantos juicios que tiene pendientes con mi madre. Mi madre nos cuenta, después de nuestras preguntas con ojos de "cuentanos más, por favor", qué juicios eran, les pone nombre: "el juicio de Vinaròs", "el juicio de Mataró", "el juicio de Blanes". Nosotros le pedimos que nos cuente por qué en diferentes cuidades, aunque ya lo sabemos o almenos lo intuimos.

La historia termina en que mi madre renuncia a todos los juicios, para no tener que verle nunca más en nuestras vidas. Y de momento así se cumple. Llevámos des del '98 sin verle, con la mala suerte de que intenta ponerse en contacto con nosotros, pero son fallidos por nuestra gran voluntad de ignorarle.

El martes empieza bien también, desayunar con la ex de mi ex, y hablar de tantas cosas que nos perdemos entre risas. Comer con mi amiga, la chica de las risitas, risueña de pelo rizado. La tarde no termina nada mal tampoco, peli y manta con un colega.

El miercoles empieza bien, pero obviamente termina como una mierda, sino, no estaríamos aquí. Por la mañana ir a la montaña de mi mejor amiga, con su caballo, su gata y sus perros, cada cual más bonito. Hablamos y reimos y nos pinchamos. Terminamos comiendo lo que ella prepara (con mi ayuda torpe y desorganizada): ensalada con aguacate, zanahoria, atún.... cosas, y tortilla de patatas megabuena. La tarde no va nada mal, el coche en el taller y tirada en el sofá de casa un colega, mientras él mueve su culo arriba y abajo colocando cosas de su casa. Merienda con él (después de recojer el coche del taller) que termina con un pedazo regalo: su libro de Los Angeles Files, en el que me dibuja un sketch rapido de un kiwi comiendose un montón de dulces. Una pasada de dibujo, me deja flipada.

La noche, no termina nada bien. Llegar a casa y encontrarte a tu hermano tirado en el sofá, ya no sabes si es por los porros que se debe haber fumado, por perro que es, o todo mezclado. Llega mi madre y lo único que hay son gritos. Parece que la comida del lunes solo era felicidad en familia efímera, porque el manto que la cubría cae y volvemos a la rutina de sus putos gritos.

Solo oigo a mi madre gritarle, o más bien chillárle (si así se entiende que es un tono más alto), que se largue, que no quiere ni puede verle más. Las respuestas de él son tan solo preguntas: "¿por qué?". Ella no deja de seguir gritando que no aguanta más verlo siempre tirado en el sofá y que se largue al cuarto. No sé si se lo repite 30 veces, tampoco exageraría. Así que decido irme, con la tele de 40" a la casa nueva, a la que nos mudamos dentro de unas semanas. Estoy cansada de ver a mi hermano tirado en el sofá, mirando la tele mientras mi madre está todo el puto día trabajando, para llegar a casa y encontrarse toda la casa hecha una mierda. Parece la misma historia de hace 7-10 años. Gritos constantes.