8 de març de 2017

First there was an opportunity then there was a betrayal

Resulta que tenían razón: al final no conocemos a nadie.

Después de un tiempo de encontrarme con P, hablar, salir, reir, llorar e incluso compartir algún que otro secreto, me doy una hostia, en toda la cara, contra aquello que entre las dos habíamos hecho crecer. Contra lo que ella me había hecho creer.

Resulta que después de depositar confianza, supuestamente la una con la otra, ella decide cojer algo más afilado que un puñal y clavarmelo de repente, sin esperarlo, en medio de toda mi espalda, atravesando así todo aquello que guardaba hacia ella: confianza, sinceridad, nostalgia, empatía, ternura... Ella decide romperlo a pedazos, no lentamente, sino de repente y sin esperarlo. ¿O lo esperaba? Bien... Ahora no sabría decir si realmente era algo que podría haber esperado... Quizá si, pero quizá no quería verlo porqué no me gusta creer que la gente, realmente, es mala.

Después de ésta hostia, la única conclusión que saco es la de trust no one, frase conocida, pero no tan bien sabida cómo hasta ahora ni con tanto sentido como en ese momento.

Lo mejor de toda la mierda que me sucede, y lo peor también, es que duele, duele jodidamente fuerte, pero con los días me doy cuenta que el mal sabor de boca que te deja, no es más que algo borroso en un recuerdo. Tenía tanta razón Adri cuando me decía: "Ceci, quizá ahora no lo veas o no quieras creerlo, pero te prometo que el tiempo lo pone todo en su lugar". ¡Y joder si es cierto! Cada día qué pasa duele menos la puñalada. Solo duele si mi otro yo se sienta a tocarla, porque parece que le da algún tipo de placer ver como me retuerzo de dolor. Podría ser tan sencillo cómo dejar de pensar en ello, pero a veces se hace difícil si uno tiene mucho tiempo libre o si te gusta martirizarte, cómo yo hago.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada