25 de desembre de 2009

Inmortalizar a un héroe

Un héroe: mi abuelo. El porqué es sencillo, solo tengo que recordar las mil y una historias que me han contado sobre él. Geniales, magníficas, espléndidas... La perfección de la persona en un ser, la amabilidad con sonrisa, la mirada dulce de un anciano, las palabras sabias de un vividor, la humildad personificada en ella.

Una persona que tiene más historia que vida y más vida que años, un hombre que tiene más anécdotas que días, un simple mortal inmortalizado en mi memoria.

Supongo que un héroe no tiene tiempo a amar a las personas que le rodean o simplemente le aman por lo que es y ha hecho, pero él tiene una habilidad innata para ello, ama sin límites y sin miedos, lucha sin temor a perder y sufre sus pensamientos en silencio. Es grande, invencible y fuerte, muy fuerte. Tiene un corazón que no le cabe en el pecho.

Una anécdota que siempre me ha contado mi abuela con una sonrisa en su rostro, y que por supuesto siempre me ha encantado, era aquella que decía que donde trabajaba mi abuelo le respetaban más que a cualquier otro. Un día por la mañana, mi abuelo acompañaba a sus hijas a la parada del autobús, y seguidamente se dirigía a la fábrica donde trabajaba. Durante unos días los trabajadores se pusieron en huelga, reivindicando mejoras laborales y salariales. Mi abuelo era jefe de laboratorio, y cuando pasó por la muchedumbre, se apartaron y le hicieron un camino hasta la puerta del edificio. A ningún otro jefe le habían hecho algo así, todo lo contrario, le habían gritado e insultado. De repente, un empleado le gritó alguna cosa, él ni se inmutó, siguió hacia delante, y otro trabajador, casi susurrándole al oído a este primero, le dijo: “¡Cállate, es el señor Ardanuy!”. Entonces, un silencio de respeto sembró la escena y él pudo entrar tranquilamente.

La verdad es que esta anécdota, des del primer día que me la contaron, se me erizaron los pelos, es por eso (y por otras más cosas), que a mi abuelo lo considero un héroe, pero no uno cualquiera, sino el más grande que haya podido conocer. Y sé que él durará todo lo que dura un recuerdo y no lo que dura una vida, es por eso que mi héroe, aparte de ser un héroe, también es inmortal. Le admiro, le admiro mucho, por lo que sé que fue, por lo que es y por lo que siempre será.